Semblanza de Li Bai

Li Bai es uno de los poetas clásicos más importantes de China. Nació en 701, y a los veinte años de edad, comenzó a recorrer los diversos lugares de su provincia natal, Gansu, y más tarde, hizo viajes por la zona del río Amarillo. Estas experiencias le permitieron conocer la patria y le inspiraron muchos de sus poemas. Murió en 762, a los sesenta y dos años de edad. Vivió en la dinastía Tang, conocida como la época de apogeo de la poesía clásica y la más poderosa y próspera dinastía de la China feudal. 

Su poesía se encuentra en estrecho contacto con la naturaleza que rodea al poeta en forma constante, fruto de sus viajes y experiencias; pero al mismo tiempo, toma dimensiones trascendentales, a partir de las situaciones cotidianas que en principio se presentan como intrascendentes o bien inocentes, pero que en pocos versos se revelan generando un impacto en el lector.

***

ENTRE LAS HIERBAS SILVESTRES DESCUBRO UNA BOLA DE DIENTE DE LEÓN

Ebrio, rumbo a casa, a través del campo,
avanzo cantando entre maleza.
¿Será posible? Con las hierbas verdes,
otro anciano de cabeza blanca.

Lo miro frente a frente cual un espejo;
tiene como yo las sienes plateadas.
Humilde planta, ¿te burlas de mí?
¡Pero, mira! El viento del este ¡ya te contagió mi tristeza!

EL ARROYO DE GUSHU

Amo el sosiego de estas aguas tranquilas,
disfruto sin límites de sus encantos.
Las agita mi remo y se alarman las tímidas gaviotas,
mi pesada caña acecha a algún pez incauto.

Revientan las ondas; la luz del alba triunfa sobre las sombras,
la montaña primaveral estampa sus colores en la húmeda playa.
¿Quién está lavando ropa sobre la arena?
No conozco todavía su rostro sonrosado.

SENTADO, SOLO, EN LA MONTAÑA DE JINGTING

Los pájaros han tornado a sus nidos en bandadas.
Perezosa, la última nube se aleja.
La montaña es mi única compañera.
Ni al uno ni al otro vernos nos cansa.

A MI AMOR LEJANO

Cuando estabas, las flores llenaban la casa. 
Y al irte, dejaste el lecho vacío.
La manta bordada, doblada, permanece intacta.
Tres años ya han transcurrido,
pero tu fragancia no se disipa.
¿Dónde estarás, amor mío?
Te añoro, y de los árboles caen hojas amarillas.
Lloro, y sobre el verde musgo brilla el rocío.

DECIMOQUINTA CANCIÓN DE QIUPO

Nevado cabello de diez mil varas,
largo como la tristeza.

No descubre el brillante espejo
de dónde vino esta blanca escarcha de otoño.


Descubre más desde Andrés Haedo

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.