Carmen Hernández: Una mujer de Dios

Carmen Hernandez, catequista itinerante, co-fundadora del Camino Neocatecumental junto a Kiko Arguello, es una mujer llena de Dios, más aún, es una mujer enteramente de Dios.

Hoy, al cumplirse siete años de su fallecimiento y habiendo sido declarada Sierva de Dios y estando en proceso su beatificación, escribo estas líneas inspiradas por su enorme figura.

1- La profundidad de su mirada 

Dios le concedió a Carmen una mirada profunda de los signos de los tiempos en los que le tocó vivir. Esta mirada se dirige tanto al mundo (y en él al hombre contemporáneo), como así también hacia la iglesia.

Una vez dijo: “Es imposible que alguien que tiene frío te de el manto. Muestrale el sol y te lo dará”.

Por el pecado original, el hombre está obligado a darse todo para sí mismo. Su naturaleza está dañada, aunque no destruída. En esta crisis existencial, las personas, desarrollan toda su vida, queriendo hacer el bien, y haciendo el mal que no quiere. Carmen esto lo observa profundamente y así muestra en estas sencillas palabras al hombre, como el ser humano que tiene frío, es decir que experimenta esta tensión en su vida, no puede amar porque está obligado a dare todo para sí, no pudiendo salir al encuentro del otro en forma plena. 

Para romper esta barrera, este muro, que le cierra el cielo, tiene que encontrarse con este sol que lo calienta, que le muestra que el amor es posible, es decir con Jesucristo resucitado, vencedor de la muerte y dador de la vida eterna. Experimentando el amor de Dios, puede reconocerse capaz de amar a los demás, en la una dimensión infinita y nueva, la dimensión de la cruz, el amor aún a los enemigos.

Por otro lado, esta palabra es también reveladora para la iglesia, que busca renovadamente y en todo tiempo las formas de llegar y dialogar con los alejados, el anuncio de la buena noticia. Con esta imagen Carmen también hace una reflexión dentro de la iglesia para no dejarse caer en el mero activismo de diversas propuestas, sino mostrar al mundo al mismo Jesucristo, vencedor de la muerte. Para luego, una vez realizado el encuentro profundo con la persona de Cristo, la iglesia misma pueda renovarse en su misión.

2- La Kénosis

Carmen vivió lo que luego enseño. El camino neocatecumenal es un fruto del Espíritu Santo, así lo han sostenido los Papas, desde Pablo VI hasta nuestros días. 

Es este mismo espíritu el que le enseñó en primera persona a Carmen, lo que luego ella y Kiko plasmarán en el Camino.

Carmen vivió su propia Kénosis. Habitualmente traducimos este término griego como “descendimiento”, pero también puede ser traducido propiamente como “vaciamiento”.

Carmen, llevada por el Espíritu Santo, se vació de todos sus proyectos a fin de adherirse a la voluntad de Dios.

Por este descendimiento o vaciamiento, propio del camino de todo cristiano, Carmen pudo dar lugar a Dios. Es decir que podemos referirnos a ella como una mujer llena de Dios, en la medida que pudo vaciarse del mundo, no por sus fuerzas, sino a través del mismo Dios que la llamaba en un camino especial de conversión y con vistas a la salvación de muchos hermanos.

3- La libertad

Muerta al mundo, como dice San Pablo, Carmen Hernández experimentó una profunda libertad, como pocas veces se observa en las personas. Esto tiene su correlato en el poema de Rabindranath Tagore que conocemos como Carmen 63, porque fue en este año cuando ella ve que todos sus proyectos fracasaban y que Dios abría otros caminos maravillosos; entonces podía afirmar “están rotas mis ataduras”.

Esta libertad, es un estado del espíritu y el cristianismo no es otra cosa que una liberación de todo aquello que nos destruye y nos mata.

4- Los frutos

En el evangelio del Sembrador, Jesús nos dice que la semilla que cayó en tierra fértil, dio fruto. Es decir, que aquellos que escuchan la palabra y la comprenden producen frutos; y agrega: unos 30, otros 60 y unos 100. Todos producen, pero algunos más que otros.

En la Iglesia de los primeros siglos, los padres de la iglesia se preguntaron lo qué sería en concreto 30, 60 y 100. Así se decía que 30, corresponde a aquellos que no hacen el mal; más aun hacen el bien, dan a quien les pide y a quien les quita, no le reclaman. Esos dan el 30. El 60 son aquellos que además dan sus bienes a los pobres y sirven a Dios. Y el 100 son aquellos que han experimentado en su cuerpo la persecución, los mártires.

Carmen Hernández, está en este último grupo, porque ha dado toda su vida a Jesucristo, ha experimentado la persecución por anunciar el evangelio a los hombres de su tiempo, iniciando junto a Kiko el Camino Neocatecumental, que ha dado tantos frutos en la iglesia.

AH – 16/07/2023


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