Era un barco encallado,
en los cobrizos acantilados del sur,
en la dura
piedra de Quequén,
donde el viento duraba en las ventanas
como una voz de otro tiempo, donde
blancas gaviotas
golpeaban el cielo, la eternidad
y un fuego helado
quemaba,
abriendo grietas de sal y arena.
La ballena escarlata,
toneladas de puro fierro,
un esqueleto del adiós
a orillas del mundo.
A los compañeros de aquella aventura
Del libro Argumentos del Relámpago
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