Una palabra te ilumina
en la calle donde no hay
tiempo ni fuga de la memoria.
Estás, volvés,
soy el mismo,
tu hijo, tu hermano, dejame
hablarte así,
ahora como abrazándote
entrando
en tu casa
con mis poemas a ver qué pasa,
si aprobás alguno y
jugando a romper la muerte
sin perdón contra el olvido
sobre los árboles
jugando donde duele.
A Miguel Ángel Bustos
Del libro Argumentos del Relámpago
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