El río desborda las orillas.
Olvidaste la ley, David,
te creíste superior a Dios.
Ahora vas a entrar en la muerte
como un testigo de la náusea
y el veneno arderá en tu lengua.
Tus pupilas se rompieron con la aparición
de una mujer.
Su cuerpo solar bajo las ropas, intuías
la gravitación de un misterio
cuando el pecado mordió tu corazón.
Ese jugo de la muerte
te produjo el vómito,
cuando la belleza dormía a tu lado,
y en un charco de culpa descubriste
la cara del asesino.
Por fin, gritaste al cielo,
y la ternura
lavó tu cabeza.
Del libro Argumentos del Relámpago
Descubre más desde Andrés Haedo
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.